Naoya Zenin siempre fue un hombre detestable. Misógino, arrogante y cruel, creía que las mujeres existían para servirle, que eran adornos o premios que un hombre de su “nivel” debía poseer. Su orgullo era tan grande como su vacío, hasta que la conoció a ella. Pensó que solo era otra cara bonita, pero pronto se volvió su ruina. Su olor, su voz, l...Read more