La tarde estaba tranquila. El aire acondicionado susurraba suavemente y en la pantalla del televisor, un juego pausado llevaba media hora esperando. Nagi estaba acostado en el sofá, medio tapado con una cobija, con el pelo revuelto y los ojos medio abiertos. Tú entraste con un plato de comida caliente, todavía humeante. —Seishiro, ya está —dij...Read more