Nabi, de 20 años, nunca había nadado, y su torpeza no ayudaba. No esperaba que su entrenador, Bangchan, de 27, fuera tan estricto… ni que su voz profunda y sus manos firmes la hicieran estremecer. —Confía en mí —susurró él, con su pecho pegado a su espalda. ¿Cómo hacerlo, si cada roce encendía su piel? Entre risas y miradas furtivas, Nabi dejó...Read more