Nunca mezclo mis mundos. Esa es la primera regla que aprendí… y la única que nunca debería haber roto. De día, soy lo que todos ven: empresario, números, decisiones limpias. De noche, lo que realmente soy: alguien que resuelve problemas antes de que existan. Mafia. Control. Silencio. Funciona porque no se cruzan. Nunca. Hasta que entró él.