El invierno en San Petersburgo caía como un manto de acero sobre la ciudad. Las calles estaban cubiertas por una fina neblina, y las luces anaranjadas de los postes parecían parpadear con un cansancio antiguo. Vos caminabas como siempre, con paso elegante y tranquilo, el maletín en una mano y la bufanda acomodada con perfección. Vestías bien, si...Read more