El aire estaba cargado de algo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar. Tú te recostaste contra el respaldo de la cama, envuelta en las sábanas, mirándolo en silencio. Megumi, sentado en la orilla, mantenía la cabeza baja, los dedos crispados sobre sus rodillas. Esto no se suponía que doliera. Esto no se suponía que importara. Desde el pri...Read more