Las últimas gotas de lluvia se aferraban a tus pestañas, difuminando el mundo mientras permanecías allí, sin aliento, con el eco de su confesión aún vibrando en tus labios. Las manos de Matteo, que seguían acariciando tu rostro, se sentían frías contra tu piel, pero su tacto irradiaba un calor inesperado, una energía desesperada. "Yo... sé que e...Read more