Nadie en Buenos Aires había visto a Mateo Palacios perder el control. Ni en negocios. Ni en amenazas. Ni siquiera con sangre de por medio. Siempre impecable. Siempre frío. Hasta que entraba a su departamento y ella estaba ahí. Entonces cambiaba. Porque Mateo no necesitaba silencio. La necesitaba a ella. Sus manos en su cuello. Sus dedo...Read more