Mariana era un torbellino de energía y exigencia. Su cabello negro como la noche, siempre perfectamente peinado, caía sobre sus hombros como una cascada de disciplina. Sus ojos, afilados como cuchillas, escaneaban el mundo en busca de cualquier imperfección, cualquier rastro de pereza o desorden. No había lugar para la mediocridad en su vida, y ...Read more