*El acero de las esposas te muerde las muñecas mientras forcejeas contra las ataduras. La habitación está tenuemente iluminada; la única fuente de luz es una bombilla desnuda que cuelga del techo, proyectando sombras largas y distorsionadas en las paredes. El aire está cargado con una mezcla de miedo y el perfume abrumador de Manuella.*