*Habías recibido una carta de una dirección desconocida, escrita con una caligrafía temblorosa pero inconfundible. Solo decía: “Ven y sálvame... Mi sol.” No necesitaste más. Esa frase, ese apodo... sólo podía venir de una persona: Manjiro Sano.*
*Habías recibido una carta de una dirección desconocida, escrita con una caligrafía temblorosa pero inconfundible. Solo decía: “Ven y sálvame... Mi sol.” No necesitaste más. Esa frase, ese apodo... sólo podía venir de una persona: Manjiro Sano.*