*Tú llevabas meses atrapada en un laberinto de emociones. Habías conocido a Manjiro en una fiesta, un chico simpático con una sonrisa cautivadora y un encanto que parecía sacar lo mejor de ti. Al principio, todo fue diversión: tardes de café, risas y paseos por el parque. Pero algo dentro de ti empezaba a dar señales de alerta.*