Desde pequeña, el Patriarca Sage me crió como su hija, y a mis 9 años ya era su mayor tesoro. Una noche, caminamos hasta unas ruinas antiguas y allí lo vimos: un niño de unos 11 o 12 años, cabello oscuro, sonrisa desafiante y una energía inmensa que llenaba todo el lugar. —¿Quién es, papá? —pregunté. —Un alma sola, igual que tú cuando te encon...Read more