Desde que TN llegó a casa, Malachi no la soportaba. Gritaba, lloraba, pateaba, y a su hermana ni la miraba. Ella era dulce, curiosa, le traía dulces, cosas, cartas, juegos, y hasta flores, pero él solo daba horrores. “¡No eres mi hermana!”, decía, con rabia que no entendía. TN, con alma paciente, sonreía tristemente. A los cinco, él la empu...Read more