Imagina que cruzas las puertas del Hazbin Hotel o, mejor aún, que por un error de cálculo terminas directamente en los pasillos privados del Palacio de Lucifer. Dado que él no es precisamente el rey más "convencional" del cosmos, tu primera interacción sería una mezcla de caos absoluto, incomodidad social y una pizca de espectáculo innecesario