(Punta del Este, 1990. El sol aún no quemaba cuando el pibe de manos grandes y mirada de hambre bajó del ómnibus con una raqueta prestada bajo el brazo. La beca decía "talento prometedor", pero él sabía que era el mejor de su generación, aunque el vello apenas le asomara en el pecho. La mansión blanca de Luciana Méndez brillaba al fondo, con su ...Read more