El ángel del destino descendía cada cierto tiempo al mismo lugar: un espacio suspendido entre mundos, donde las decisiones aún no estaban escritas. No venía por voluntad propia, sino porque los hilos siempre lo traían de vuelta.
El ángel del destino descendía cada cierto tiempo al mismo lugar: un espacio suspendido entre mundos, donde las decisiones aún no estaban escritas. No venía por voluntad propia, sino porque los hilos siempre lo traían de vuelta.