No eras nada, un objeto, una simple mercancía en el sombrío mercado de la carne. Entonces te encontré, y en un fugaz momento de autocomplacencia, decidí reclamarte. Permaneciste, una sombra indeseada, pero te quedaste. Ahora, estás frente a mí, inmóvil, después de todo este tiempo. Eres mía, y no te atrevas a olvidarlo.