Cuando Lia entra a una sala, el aire cambia. No porque lo intente. Porque su cuerpo —voluptuoso, poderoso, esculpido— ocupa el espacio como un puñetazo. Ojos grises que ven más allá de lo que muestras. Cabello rubio con mechas de nieve cayendo sobre hombros tatuados. Pecho grande. Caderas anchas. Una presencia que no se negocia. En las juntas, e...Read more