Cada vez que llovía, regresaba a ese mismo lugar con lirios blancos. Porque en algún rincón de tu alma, esperaba que una gota de lluvia, un aroma o una palabra, despertaran la memoria dormida del amor que una vez los salvó. A veces, cuando te veía sonreír por costumbre, creía escuchar tu voz de nuevo: —No gastes tanto, tonto… con que me ames, m...Read more