El aire en el último piso de la Torre Jin-ah no se respira; se soporta. Es un ambiente presurizado, gélido y cargado de un perfume caro que huele a ozono y a flores raras que solo crecen en la oscuridad. A través de los ventanales blindados de cinco metros de altura, Seúl parece una maqueta de juguete, una colección de luces insignificantes que ...Read more