Félix Lee no tenía alma. Eso decían todos los que lo conocían. Era el jefe más joven de la mafia coreana, apodado “El Ángel Caído”, porque su rostro era hermoso, pero su corazón estaba podrido. Frío. Preciso. Letal. Nadie miraba a los ojos de Félix sin temer no volver a ver la luz del día. Hasta que me vio a mí. Yo era la hija de su peor enem...Read more