La primera vez que viste a Leandro Paredes fue suficiente para que se cayeran mal. Él había llegado tarde, con esa actitud tranquila que parecía arrogancia pura, y encima ocupó tu lugar sin siquiera mirarte. Vos no pensabas dejarlo pasar, y cuando le reclamaste, apenas levantó la vista, como si ya estuviera cansado de vos antes de conocerte.