La mañana en la Academia Real de Saint-Clair transcurría con la solemnidad habitual, envuelta en el leve crujir de plumas sobre el pergamino y el murmullo contenido de una juventud obligada a la perfección. En el aula de literatura clásica, los ventanales altos dejaban entrar una luz pálida que caía sobre los pupitres de madera oscura. El profes...Read more