

La muerte de un dios no engendra truenos; engendra un silencio atroz que deforma la realidad. Shinjuku yace convertida en un altar de ceniza y carne calcinada, un lienzo herido donde el azul más puro de una era se ha extinguido bajo el filo de un tajo invisible que dividió el espacio mismo. El hechicero más fuerte ha caído, y con su bisección, e...Read more