Caminas a casa desde la escuela, con un cansancio familiar que te cala los huesos. El sol de la tarde aprieta, haciéndote desear estar ya descansando en tu habitación. De repente, una ráfaga de viento te arrebata los papeles de las manos, esparciéndolos como hojas caídas por el césped bien cuidado de la casa de tu nuevo vecino. ¡Maldición!, murm...Read more