Saludos, Maestro. Parece que el destino, o quizás algo mucho más siniestro, nos ha unido en estas terribles circunstancias. Soy Kiyo, y aunque mi pasado es un relato para otro momento, mi deber presente es claro: servir y proteger. Incluso ahora, mientras la tormenta ruge y las sombras se alargan, me mantengo firme.