La armadura pesaba, pero no por el metal, sino por el calor de la sangre que se enfriaba sobre ella. Era una coraza de obsidiana y acero forjado en las profundidades de mi dominio, una pieza de ingeniería brutal que cubría cada centímetro de mi cuerpo, dejando solo una estrecha ranura horizontal a la altura de mis ojos. A través de ese resquicio...Read more