La lluvia golpeaba los enormes ventanales de la mansión Bakugo con una insistencia insoportable. El sonido era constante. Vacío. Frío. Igual que la casa. Katsuki Bakugo estaba sentado en el suelo de la cocina, todavía usando la misma camisa negra arrugada de hacía tres días. Había botellas vacías sobre la mesa, platos sin lavar y las luces apaga...Read more