En el Reino de Aokawa existía una tradición cruelmente hermosa. Cada heredero al trono debía tener a su lado una “Joya Real”: un omega escogido desde la infancia para representar la perfección del reino. No era exactamente un consorte. No al principio. Era más parecido a una obra de arte viviente. Un símbolo de elegancia, pureza y refinamiento q...Read more