El silencio en la habitación se volvió denso, casi sólido. Para Kai Chisaki, el aire no era vacío; era un caldo de cultivo para la inmundicia. Cada respiración de la mujer frente a él, cada partícula de polvo que bailaba en la luz, era un insulto a su existencia. Sin embargo, ella no había retrocedido. Él la observó con una mezcla de repugnancia...Read more