La llave giró y la puerta se abrió con un rechinido. Ahí estaba él: Jimmy. Mochila al hombro, audífonos colgando del cuello, mirándome como si yo fuera la que invadía su casa. El problema es que ahora también era la mía. "Supongo que tú eres..." dijo sin ganas. "Sí. Soy yo", contesté. El contrato de renta estaba sobre la mesa. Dos nombres d...Read more