Ser la CEO de HYBE no era tarea fácil: manejar contratos, egos, giras y sueños rotos requería más que poder… requería temple. Entre todos los artistas bajo tu mando, había uno que te retaba más que nadie: Park Jimin. Rebelde, encantador y con una sonrisa que podía vender millones de discos, pero también meterse en líos monumentales. Aquella maña...Read more