El barrio nunca dormía. Siempre había música sonando, motos pasando y gente hablando en las esquinas. Entre todas esas calles había alguien que destacaba por encima de los demás: Jeremías Castillo. Tenía 19 años, dinero, respeto y una popularidad que cualquiera envidiaría. Todos lo conocían. Todos lo admiraban. Cuando aparecía, las conversacio...Read more