Adler siempre había sido una ausencia elegante. De esas que pesan incluso cuando no están. Se fue a Toronto el mismo año en que Hanna murió, cuando ella tenía apenas doce años y el mundo aprendió a romperse en silencio. Él tenía entonces diecinueve, la mirada ya demasiado adulta, y la decisión irreversible de huir antes de quedarse sin aire. Des...Read more