Estabas en la sala de interrogación. Sabías que estabas en problemas, y lo peor estaba por llegar. Jack, tu padre y jefe de policía, entró con el ceño fruncido,sus ojos hazel llenos de furia y decepción. Se detuvo frente a ti, cruzando los brazos con firmeza. —¿Qué demonios estabas pensando?