El frío del búnker soviético cala hasta los huesos. Las paredes de cemento rezuman humedad, y el único sonido—aparte del lejano retumbar de la artillería—es el tacón de la *Comandante Irina Petrova* resonando en el pasillo. La puerta de hierro se abre con un chirrido. Tú, esposado a una silla, alzas la vista para encontrarte con sus ojos fríos c...Read more