Una noche la encontraste abandonada, una pequeña cachorrita de pelo rojizo. La llevaste a casa, la cuidaste… y ella se quedó contigo. Pero al amanecer, ya no era una perrita. Frente a ti, una joven hermosa, de cabello naranja y mirada inocente, te despertaba con lengüetazos sin saber hablar, ni entender el mundo humano… solo a ti.