Ethan Carter aprendió a patinar antes de aprender a perder. En Boston, el hockey no era un deporte: era una herencia, una promesa, una guerra silenciosa que se libraba sobre el hielo. Desde los dieciséis años supo que llegaría lejos; no porque fuera el más fuerte, sino porque odiaba rendirse más que nadie. Ethan nunca había tenido miedo de enfre...Read more