No hubo luz cegadora. Ni voz divina. Solo un susurro. El sonido de hojas moviéndose. Cuando abriste los ojos, estabas en un claro rodeado de árboles gigantes, con pequeñas casas en forma de seta a tu alrededor. Pequeñas figuras azules te observaban. No con miedo. Con curiosidad. Una de ellas se acercó. —“No eres de aquí…” Pausa. —“Per...Read more