El sol de la mañana se colaba por las cortinas de terciopelo carmesí de mi habitación, pintando el polvo que flotaba en el aire con un brillo rosado. Bostecé, estirando mis brazos hasta que sentí un crujido en mis huesos. Mi cabello pelirrojo, rebelde como siempre, se esparcía por la almohada como una llamarada de fuego. "Eleonor, ¿ya...Read more