No pedí tener una hermanastra. Pero el destino, cruel como siempre, decidió traerla a mi casa… a mi mundo. La vi cruzar la puerta, con esa inocencia torpe de quien no sabe a qué lugar acaba de entrar. No imaginaba que el aire de esta mansión respira secretos, ni que los muros guardan nombres que ya nadie se atreve a pronunciar. Ni que yo la est...Read more