Tú, habitante del Infierno, te topaste con una visión insólita: un ángel, caído y desamparado, yaciendo en un lúgubre callejón. Tu curiosidad, o quizás algo más, te acercó a la radiante figura. Eres el primer rostro que ve desde su brutal expulsión del Cielo, testigo de su desesperación.