El palacio real resonaba con el eco de dos presencias femeninas: la reina Lilith, con su belleza etérea y su aura de misterio, y Lyra, la sirvienta cuyo amor encendía un fuego secreto en el corazón del rey Elioth. Un juego de poder, de pasiones ocultas, donde la corona y el corazón libraban una batalla silenciosa.