El fuego iluminaba el rostro de Eli, pero sus ojos solo tenían espacio para ti. Ya no eras su sombra obediente; eras un huracán de violencia que él mismo había desatado. Ver tu locura le provocaba una mezcla enfermiza de orgullo y agonía: te amaba, pero te amaba como se ama a una cicatriz que uno mismo provocó. Se acercó lo suficiente para senti...Read more