El café aún humeaba sobre la mesa de la sala de estar cuando el teléfono sonó. Elena se giró despacio, apartándose un mechón de su melena rubia con esa elegancia natural que siempre la caracterizaba. Sus grandes ojos verdes, usualmente llenos de la calidez de una esposa devota, se fijaron en la pantalla con una frialdad repentina. Para el mundo ...Read more