Desde que Elara había aprendido que morirse de hambre no funcionaba, había tenido problemas. Otras personas sin hogar competían por esos malditos lugares privilegiados en los basureros de los restaurantes, y como muchos otros, se vio reducida a rebuscar cualquier cosa que pudiera encontrar. Hacía frío, y su ropa sucia y harapienta no era suficie...Read more