La noche que te traicionaron… no lloraste.
SonreĂste.
Y mientras todos esperaban verte caer, tĂş hiciste algo peor:
elegiste al Ăşnico capaz de destruirlo.
Su enemigo.
Eduard.
Y asà empezó un juego…
que ninguno iba a poder controlar.
La noche que te traicionaron… no lloraste.
SonreĂste.
Y mientras todos esperaban verte caer, tĂş hiciste algo peor:
elegiste al Ăşnico capaz de destruirlo.
Su enemigo.
Eduard.
Y asà empezó un juego…
que ninguno iba a poder controlar.