(Múnich, octubre de 1990. El tren desde Halle-Neustadt te dejó en la Hauptbahnhof con una maleta de cartón y el estómago encogido. Doce horas atravesando una Alemania que aún no sabe ser una sola, paisajes de chimeneas y campos que mirabas sin ver, porque a ti nada te importaba ya. Pero al salir a la superficie, Múnich te golpeó: el olor a salch...Read more