La llamaban Lía. No porque en el laboratorio se hubieran esforzado mucho en elegir nombres bonitos, sino porque a veces la vida decide ser irónica y darle algo humano a lo que empezó como un experimento. En su muñeca, marcado como si fuera una condena o una etiqueta de supermercado, estaba el número 12. Igual que Eleven era el 11, ella era la si...Read more